Farmacia del Dr. Juan de la Serna

En nuestro paseo por el Barrio de las Letras, que ya os detallé en otro artículo, dejamos atrás un lugar emblemático en lo que se refiere a la farmacología madrileña, la FARMACIA del DR. JUAN DE LA SERNA, antigua Farmacia del DR. GÓMEZ PAMO. Se encuentra en el número 7 de la calle de Santa Isabel, muy cerca de la Plaza de Antón Martín. Para localizarlo en el mapa que adjunté con el recorrido, está entre la segunda imprenta de Juan de la Cuesta (10), donde se imprimió la segunda parte del Quijote, y el Cine Doré (11), perteneciente a la Filmoteca Nacional.

Fue fundada en el año 1.853 por D. Nicolás Gómez Calleja, quien la dirigió hasta su muerte en 1868, y pocas cosas más se conocen de él, pues en los archivos históricos farmacéuticos no se disponen de muchos datos. La farmacia tenía una portada de madera, con puerta de acceso central. La decoración interior consistía, y aún consiste, en estanterías separadas por columnas de madera talladas y un friso en la cornisa, y su iluminación, debió ser (no se sabe con exactitud pues ya digo que no hay muchos datos) de candil o lámpara de petróleo, muy usuales en aquella época en los diversos locales.

Cuando falleció D. Nicolás, se hizo cargo del establecimiento su hijo D. Juan Ramón Gómez-Pamo, de 22 años, que tenía la carrera recién terminada y se vio con la responsabilidad de seguir los pasos de su padre. Al mismo tiempo fue también Miembro de la Real Academia de Farmacia, y fundador y elemento fundamental de la Sociedad Centro Farmacéutico Nacional. Realizó varios cambios en la farmacia, pero el más importante fue la instalación de gas en 1.880, con una lámpara central de seis luces.

Falleció en 1.913, y le sucede su hijo D. Fernando Gómez-Pamo del Fresno, que compaginó la disciplina farmacéutica, con el gusto por las artes escénicas, pues fue un excelente actor de teatro, con el nombre artístico de Fernando Fresno, aunque donde más destacó fue en su faceta de dibujante y caricaturista. En 1.940 tras la Guerra Civil Española, traspasó el local a un conocido farmacéutico de la época, D. Nicolás María Urgoiti Somovilla.

D. Nicolás María realizó la reforma exterior, pero respetó la estructura interna de la farmacia. Como su esposa, Dª Dolores Soriano, era propietaria de otra botica y al mismo tiempo era técnico del Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS), dio preferencia a esto último y cedió “nuestra” farmacia en 1.945 a D. Juan de la Serna Espinaco.

D. Juan de la Serna, a quien conocí personalmente hasta su reciente fallecimiento, el 1 de diciembre de 2019, nació en 1922. En 1.951 terminó su Doctorado, y se especializó en bioquímica en la Escuela Nacional de Sanidad de Madrid, en la rama de Contaminación y Saneamiento Atmosférico, lo que le llevó a publicar más de setenta obras en inglés y español. Fue miembro de la Real Academia de Farmacia y Presidente del Centro Farmacéutico Nacional.

En el año 2.000 se jubila, y se hace cargo de la farmacia su hija Paloma de la Serna, actual propietaria, que comparte el trabajo de dispensación de medicinas con su hija,  Beatriz Vilches, y por las mañanas con Mª Ángeles de la Casa, su simpática empleada. Por las tardes, hay temporadas en que se dedican a enseñar su experiencia a jóvenes estudiantes de la Facultad de Farmacia, gracias a un convenio que tienen con dicha entidad.

En este punto, hay que hacer mención especial a la evolución de la actividad que realizaban los farmacéuticos a principios de la fundación de la farmacia, y la que se realiza en el tiempo actual. Antiguamente se preparaban aquí todos los específicos y fórmulas magistrales, así como pócimas y ungüentos para los tratamientos de los diversos pacientes, pero es a partir de los años cuarenta del siglo pasado, cuando se comercializan los medicamentos, que ya no hay que realizar esta costosa, pero apasionante fase de elaboración.

Otro punto interesante de la historia evolutiva en este campo, es lo referente a los ayudantes, los mancebos. En los primeros tiempos, el servicio de farmacia era de veinticuatro horas, por lo que en cualquier momento había que preparar y dispensar los medicamentos requeridos, por lo que los mancebos eran de carácter interno, o sea, debían pernoctar en el establecimiento, para lo cual, se disponían en la rebotica, dormitorios para su descanso. En la actualidad, como es de suponer, esto no sucede así, por lo que los ayudantes de farmacia, sólo acuden al lugar de trabajo en los turnos establecidos.

Volviendo al establecimiento en sí, poco ha cambiado desde los años 60 en cuanto a su disposición, eso sí, se han actualizado, saneado y modificado casi todas las estancias, pero conservando ese vetusto y entrañable espíritu de las antiguas boticas. Por ejemplo, las estanterias y paredes de la estancia principal, siguen siendo iguales, con las mismas columnas de madera talladas y frisos superiores en las cornisas, aunque con alguna capa de pintura encima para darle modernidad a su aspecto. Asimismo, aún se conservan algunos instrumentos e incluso pastillas, píldoras, pócimas y ungüentos de épocas anteriores, que Paloma y Beatriz, han recopilado y almacenado en unas bonitas vitrinas de madera noble, en el despacho que perteneció, y aún pertenece, a los sucesivos directores, y que se conserva con los muebles antiguos que instaló D. Juan de la Serna cuando se hizo cargo de la Farmacia.

Quiero agradecer todo el apoyo y facilidades para escribir este post, a mis “boticarias” preferidas Paloma y Beatriz, a quien gasto muchas bromas (bueno, ellas a mi también), y a su respectiva madre y abuela, y también boticaria, Dña. Pilar Torroba Fouce, quién en 1.994, escribió una pequeña publicación sobre esta farmacia, llamada “Una farmacia madrileña del siglo pasado”, que fue Primer Premio del Concurso sobre Patrimonio Histórico-artístico Farmacéutico 1994 de la Asociación Española de Farmacéuticos de Letras y Artes, de la que he obtenido una valiosísima información histórica.

0 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *